Cómo hablar al público

Hablar mucho o, peor aún, hablar demasiado, puede diluir el mensaje, disminuir la relevancia de lo esencial a transmitir. Observen y verán ejemplos a diario en televisión, en prensa o en radio. Y también en reuniones y conferencias. Es una especie de derroche de recursos. Perder eficacia en la comunicación y no saber cómo hablar al público acarrea problemas de imagen, de dinero y de tiempo. Y a veces, aun más grave, pérdida de oportunidades.

Para mejorar la eficacia de las intervenciones, ofrecemos diez recomendaciones para poner en práctica a la hora de comunicar:

Vencer el miedo escénico: la manera más fácil para vencer el miedo escénico es practicar y practicar. La preparación, hasta de la improvisación, es fundamental. Y después, hablar con naturalidad.

Comunicar los mensajes con eficacia: construir mensajes comprensibles es la base de una buena comunicación. El mejor consejo es ser claros y precisos. Estructurar bien los mensajes y las oraciones. Puede comenzar con una frase atractiva que anuncie una intervención interesante, que motive curiosidad, y después jugar con las reiteraciones.

El valor del silencio: el silencio y las pausas tienen un gran valor comunicativo y un gran efecto ante el público. Hay que hacer pausas, destacando con silencios previos los mensajes importantes.

Con o sin Power Point: si se decide acompañar el discurso con un Power Point o soporte similar nunca debe leer la presentación, el público ya lo puede leer por su cuenta. El material audiovisual tiene como objetivo amenizar la exposición, reforzar ciertos mensajes y facilitar su comprensión. No se puede depender de la presentación ni estar pendiente de ella. Eso sí, el discurso y la pantalla tienen que estar siempre coordinados. El material audiovisual es simplemente un apoyo al discurso.

El uso de la voz: vocalizar bien es muy importante, es necesario entonar mínimamente, cambiar de tono y de ritmo.  Evitar carraspeos, tics y repeticiones.   Hablar con convicción, energía y con una actitud positiva. Utilizar la voz como una herramienta de captación de la atención jugando con el volumen (hablar alto y claro para que todos puedan escuchar sin esfuerzo), cambiar de velocidad, cuidar la entonación y hacer las pausas precias.

Comunicación no verbal: los gestos, el movimiento de las manos y del cuerpo deben ir acordes con el mensaje.  Totalmente obligatorio mirar al auditorio. Cuidar la ropa, el envoltorio, teniendo en cuenta el público, el escenario y el momento del día. Antes de abrir la boca para iniciar una conversación, una declaración o un discurso, ya estamos ofreciendo datos sobre nuestra personalidad, sobre nuestra forma de ser e incluso pistas sobre la coherencia en nuestra vida. La forma de vestir constituye  ante todo un mensaje. Pero también la actitud y la postura de las personas informa ampliamente, desde la higiene a la forma de caminar o de sentarse.

El público objetivo: adaptar el mensaje al público es muy importante. Acercarse, salir del atril y pasearse por el escenario da sensación de cercanía y reclama la atención del oyente. Es conveniente salpicar el discurso con anécdotas. Un error muy extendido es ignorar el interés del auditorio y no saber modificar el discurso previamente escrito para ajustar a la medida del público. Trate de sintonizar con el ambiente y no construya su intervención como una cláusula cerrada. Si ya está escrita, introduzca referencias a lo que se ha dicho anteriormente. Hay que conectar emocionalmente con el auditorio. El humor lo permite, así como la referencia a una expresión tradicional, a un refrán, a la simple cita de un ser anónimo, un amigo o un familiar.

Controlar el tiempo y el espacio: evitar los discursos interminables.  Antes de hablar mire el reloj, piense en el reloj de los que le están escuchando. También es necesario conocer bien donde se va a hablar. Si se cuenta con equipos audiovisuales, si el público está sentado, de pie, cómo es el estrado y qué posibilidades tiene.

Crisis: En estas situaciones, callar por sistema es un error.  Hay que saber manejar los silencios pero también lanzar mensajes claros. No ser prepotente y tener un plan de crisis previsto. La globalización y la dialéctica global-local pasan factura. Hay que tener en cuenta que unas declaraciones pueden dar la vuelta al mundo en cuestión de minutos.

Elaborar un buen discurso: la escritura de un buen discurso es básica para el éxito. No abusar de las citas ni de las cifras. Tiene que tener una continuidad y unos sólidos fundamentos bien argumentados. Es necesario planificar un buen discurso y sobre todo tener claro la finalidad: informar, convencer, provocar… Para hacerlo es necesario ordenar y estructurar las ideas, definir las ideas principales y las ideas secundarias e hilarlas con buen sentido. Para finalizar, recalcar el mensaje principal, la idea que desea grabar en la mente del público de una forma concreta y directa. Se puede cerrar con una anécdota, con un resumen o unas conclusiones sobre lo expuesto. Y por supuesto, dar las gracias.

1 comentario en “Cómo hablar al público”

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