Libros Manuel Campo Vidal

¿Por qué los profesionales no comunicamos mejor?

Libro Manuel Campo Vidal: Por qué los profesionales no comunicamos mejorUn ensayo breve, ágil y ameno sobre la importancia de la buena comunicación en los ámbitos público y privado.

Este libro no solo contesta a la pregunta de por qué los españoles comunicamos tan mal, sino también a otras como:

¿Quiénes han sido los mejores comunicadores de los últimos años en España? ¿Y los peores? ¿Cuáles han sido las meteduras de pata más sonadas? ¿Y los aciertos más destacables? Y, por último: ¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra comunicación?

Para resolver estos interrogantes, el reconocido periodista Manuel Campo Vidal pasa revista a los defectos y virtudes de la comunicación pública en nuestro país. La obra analiza los errores habituales que cometemos en España, los ejemplifica con nombres de personajes públicos muy conocidos y propone, finalmente, una serie de valiosos consejos para mejorar la comunicación.

Un libro necesario y clarificador, repleto de sabrosas anécdotas.Una obra amena, práctica y con información de gran actualidad, como el desliz del rey Juan Carlos I en la reciente Cumbre Iberoamericana.Un libro que interesará a todo aquel que tenga que hablar en público: periodistas, profesores, empresarios, etc.

¿Por qué los los españoles comunicamos tan mal?

Libro Manuel Campo Vidal: ¿Por qué los Españoles comunicamos tan mal?

Sin rodeos: las clases dirigentes españolas están entre las que peor comunican de Europa. Empresarios, políticos, banqueros e incluso profesores tienen dificultades evidentes para hacer llegar su mensaje con claridad. Con un agravante peligroso: encima no lo saben y algunos hasta creen lo contrario. Comparten, con el grueso de la ciudadanía, el convencimiento erróneo de que los españoles sabemos hablar bien, o incluso muy bien. Pero una cosa es hablar mucho y otra, muy distinta, saber comunicar los mensajes con eficacia.

Hablar mucho o, peor aún, hablar demasiado, puede diluir el mensaje, disminuir la relevancia de lo esencial a transmitir. Observen y verán ejemplos a diario en televisión, en prensa o en radio. Y también en reuniones y conferencias. Es una especie de derroche de recursos. Perder eficacia en la comunicación acarrea problemas de imagen, de dinero y de tiempo. Y a veces, aun más grave, pérdida de oportunidades.

El mundo se divide en dos grupos de personas”, sostiene el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, “los que saben contar historias y los que no saben”. Entre las personas que saben hay también dos subgrupos, los que lo hacen de una forma innata y los que han aprendido posteriormente. De los primeros, dice el escritor colombiano que “poseen lo principal aunque les falte el oficio – técnica, experiencia,…- y suelen contar, hasta sin proponérselo, tal vez porque no sepan expresarse de otra forma”. Para los segundos recomienda un taller, en su caso un taller de guión, y de forma más general, podríamos decir, un taller de comunicación.

No es tan difícil aprender y quienes se animan a mejorar notan sus progresos casi de forma inmediata. Lo que pasa es que en estas latitudes nadie se ha preocupado de enseñar a comunicar, ni siquiera a los que necesitan hacerlo. Y materia que no se estudia, normalmente, es asignatura que no se aprueba.

Pero tampoco se trata de ser comunicadores excepcionales, salvo aquellos que se dediquen profesionalmente a la comunicación en cualquiera de sus variantes, sino de hacerlo medianamente bien, en concordancia con las responsabilidades profesionales.

En el mundo de la empresa, en Francia, en Holanda y en otros países de nuestro entorno se concede una importancia a la comunicación que en España o en Portugal, las clases dirigentes –empresarios, políticos, profesores y hasta periodistas – apenas consideran.

Aquí unos hablan bien, otros pasable, y un grupo muy numeroso, que ocupa puestos importantes, tiene dificultades evidentes para comunicar con eficacia sus mensajes. Formalmente incluso pueden ser correctos sus discursos o declaraciones, pero terminan resultando irrelevantes por anodinos. Buena parte de esas personas pierde la oportunidad de mostrar sus verdaderas capacidades directivas o de liderazgo, simplemente porque no aciertan a conectar con su audiencia.

El asunto es importante, serio, incluso grave, porque en la era actual no sólo la política se juega en los medios de comunicación. También las grandes compañías que están en bolsa, e incluso las que sin estarlo se internacionalizan en busca de nuevos mercados, o nuevos centros de producción, están inmersas en el universo comunicativo sin reparar en que es necesario un conocimiento específico para navegar por él sin naufragios.

Por eso, en las empresas que se cuida ese flanco, los altos directivos no dejan la comunicación, especialmente en tiempos de crisis, sólo en manos del jefe de prensa o de los abogados. Las principales figuras de la compañía se preparan como portavoces, incluso integrados en el mismo grupo que sus subordinados, algo bastante poco común en España o Portugal donde la jerarquía es más pronunciada y existe un halo de reverencia en torno al poder del organigrama.

Esa reverencia hacia el poder es la que se interpone con frecuencia entre el jefe y sus colaboradores impidiendo la comunicación ascendente. No es fácil decirle al jefe –salvo a algunos- que comunica mal, que necesita mejorar, que podía haber estado mejor en esa intervención pública. A la pregunta de ¿cómo lo habéis visto?, suele sucederle un torrente de medias verdades, cuando no de mentiras y elogios perturbadores. Quizás el jefe en cuestión no descubra nunca la verdad, con lo que seguirá actuando de forma deficitaria entre aplausos pero, si por un casual se entera, su indignación está garantizada. Hay ejemplos de ello.

Cabría deducir, por tanto, que la mayor parte de personas que comunican mal porque no son conscientes de hacerlo así. Nadie se lo ha dicho o, simplemente, no tienen elementos de juicio y referencia. Si lo supieran, si pudieran verse en el espejo, se esforzarían por mejorar. De hecho, así lo hacen en otras habilidades y campos de conocimiento.

De todo eso se ocupa este libro. Del diagnóstico de la situación y de los caminos posibles para enmendarla, recurriendo a nombres propios junto con alguna indiscreción. No se trata de ofrecer un curso de oratoria en comprimidos, sino de tomar conciencia de que un país moderno y desarrollado, considerado como la novena potencia del mundo, no puede tener un nivel de comunicación tan pobre en sus élites, ni entre los profesionales que aspiran a formar parte de ellas.

No es anecdótico que al presentar una OPA hostil ante los mercados –la de Gas Natural contra Endesa- su presidente, Salvador Gabarró, ante la estupefacción de periodistas y de sus propios colaboradores, rematara con estas palabras textuales su intervención: “En resumen, hemos puesto el semen y en nueve meses nacerá la criatura”. Se diría que quedó anonadado hasta él mismo porque nunca más se le escuchó declaración alguna en el interminable proceso de la OPA que pasó de Cataluña a Alemania, y de allí a Italia, antes de concluir en España.

Estamos ante una cuestión muy seria. No se trata de un mero hablar por hablar.

Adolfo Suarez: El Presidente inesterado de la Transición

Libro Manuel Campo Vidal: Adolfo Suarez, El Presidente inesperado de la transiciónTodo presidente del Gobierno convive con la posibilidad de que su mandato termine con un final dramático. Va con el cargo. Esta verdad incontrovertible adquiere toda su dimensión en la figura de Adolfo Suárez, el presidente de la Transición. Elegido contra pronóstico por el rey Juan Carlos y Torcuato Fernández Miranda para abrir la puerta del búnker franquista, nadie creía en él salvo él mismo. Su presidencia duró apenas cinco años, pero con gran ingenio político, golpes de audacia, valor personal y osadía al límite de la temeridad, en este tiempo que se aprobar una Constitución democrática que sellaba la reconciliación de las dos Españas.

Testigo de la época por su condición de periodista, Manuel Campo Vidal nos ofrece en este libro de vibrante pulso periodístico un retrato completísimo de Adolfo Suárez. Un fresco a muchas voces realizado a partir de material inédito, una treintena de entrevistas a personajes tan relevantes en la historia como Santiago Carrillo, Felipe González, Sabino Fernández Campo, Alfonso Guerra, Rodolfo Martín Villa y el mismo Adolfo Suárez. Se trata, en suma, de un homenaje a quie n sin duda fue el principal ingeniero de la Transición.

Ejerció su cargo en una soledad políticamente total y tuvo, en efecto, un final dramático. Asediado tanto por los poderes fácticos (Ejercito, Iglesia y patronal) como por la oposición y, al final, por sus propios compañeros de partido, presentó una dimisión de la que este libro trata de dilucidar todos los motivos. Más adelante, en plena época de relectura del significado de la Transición y mientras Adolfo Suárez vive absolutamente retirado de la vida pública, su trayectoria quizás no ha caído en el olvido, pero en absoluto ha recibido el reconocimiento que se merece, nos recuerda el autor.

Adolfo Suarez: Historia de una soledad

Libro Manuel Campo Vidal: Adolfo Suarez: Historia de una soledadBiografía del que fue presidente del Gobierno de España entre 1976 y 1981, el primer presidente democrático tras la dictadura del general Franco, una figura clave de la transición democrática española.

Suárez legalizó los partidos socialista y comunista, amén de los diferentes sindicatos existentes en la época. Fundó Unión de Centro Democrático (UCD), partido que aglutinaba las fuerzas democristianas y socialdemócratas del país. Al frente de este grupo político ganó las elecciones de 1977. Tras diversas negociaciones, consiguió que se aprobara en referéndum la Constitución.

En 1981 presentó su dimisión como jefe del ejecutivo y Leopoldo Calvo Sotelo le sucedió al frente del Gobierno.

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